La bandera del Imperio Galáctico es un engranaje, un engranaje que representa todo lo que existe en la galaxia. Porque cualquier cosa que exista bajo el dominio imperial no es más que un engranaje, un engranaje que hace funcionar la gran máquina al servicio del Emperador.

Seguridad mediante la fuerza, orden mediante la obediencia

El Imperio Galáctico se nos ha mostrado en reiteradas ocasiones como un leviatán cuya única finalidad es retroalimentarse. No tiene ninguna razón de ser, más allá de la pura depredación. Por poner un ejemplo, el Imperio siempre necesita más duracero para fabricar más armaduras. Armaduras con las que más soldados de asalto serán equipados. Soldados de asalto que, a su vez, servirán para defender puntos clave del Imperio, como las plantas de extracción de duracero. Nada más lejos de la realidad: el Imperio extrae más de lo que necesita, pero no hace absolutamente nada con gran parte del excedente. Al menos, aparentemente. Porque, ¿para qué necesita tantos recursos? ¿Qué es lo que hace que el Imperio requiera de tanta materia y fuerza de trabajo?

Para empezar, el Imperio no tiene un interés expansivo real. Una vez el Imperio se asegura los principales enclaves productivos de la galaxia, frena en seco su avance. Así que el imperialismo, por contradictorio que pueda parecer, no es la característica principal del Imperio. Y sí, es cierto, en sus estadios iniciales expandió su área de control. Pero esta expansión se detuvo con la conquista de aquellos mundos que le eran estrictamente necesarios. Sí, es un estado imperialista pero, ni es una de sus principales características, ni uno de los ejes sobre los que rota. Si el imperialismo fuera una característica real del Imperio sería incomprensible la frenada en seco que realizó en los mundos del Borde Exterior y los Dominios Occidentales hacia el 14 A.B.Y. Y es que, más allá de pequeñas incursiones en busca de recursos estratégicos, el Imperio nunca se esforzó por aumentar su área de influencia, hecho ilógico si tenemos en cuenta la enorme cantidad de recursos, capital “humano” y puntos estratégicos que estas regiones ofrecen a cambio de un esfuerzo nimio por controlarlas. Y sí, sé que muchos me hablaréis de la expansión hacia las Regiones Desconocidas, mencionada en la novela Thrawn, pero lamento deciros que esa empresa se debe a razones muy distintas.

La galaxia vista en el libro: “Star Wars: Galactic Atlas”

Entonces, hemos convenido que el Imperio no usó sus innumerables recursos para expandirse. Claramente tampoco se emplearon para aumentar el nivel de vida de sus ciudadanos. Tampoco se utilizaron para llevar a cabo ningún tipo de proyecto a gran escala que no estuviera relacionado con el ámbito militar. El Imperio tampoco promete una meta final, una como la que prometía en su momento el Tercer Reich. Su particular “Alemania aria” dista mucho de un concepto tangible o imaginable para un ciudadano de a pie. Y no es que el Imperio carezca de una ideología marcada. El “Seguridad mediante la fuerza, orden mediante la obediencia” que el COMPNOR pregonaba a los cuatro vientos es un excelente ejemplo de lo que defendía el Imperio. A lo que me refiero es a que el Imperio parece carecer de una meta final. Legaliza la esclavitud de las especies no humanas, promueve su discriminación, es una organización mucho más machista que su antecesora, la República Galáctica, sigue una doctrina económica liberal galopante y es un estado militarista ad nauseam. Pero, más allá de prometer fuerza, seguridad y protección contra los indeseables alienígenas, el Imperio no ofrece nada a largo plazo. No promete transformar la sociedad, ni exterminar a los alienígenas, Sí que promete acabar con los traidores, pero eso responde a una necesidad propagandística y de control más que a un verdadero objetivo nacional. Su propaganda responde a un aquí y a un ahora, enajenando a la población. Pero no ofrece un sueño, un objetivo. El sueño imperial es el ahora. El Imperio ya es perfecto, no tiene ningún fin que perseguir, más allá de la eliminación física de aquellos que se le oponen.

Un imperio frágil

Pero, entonces, ¿por qué se mantiene a flote? La gente vive mal, y lo sabe. El miedo es un actor decisivo en el juego del control, pero para cuando el Episodio IV arranca “sólo” han pasado diecinueve años de la caída de la República. Una guerra a gran escala radicaliza, eso está claro, pero de radicalizar un país a media galaxia hay un trecho y, en sus primeros pasos, el Imperio era tan frágil como un jarro de cristal. Tal vez los sectores favorables a la Alianza Separatista y, posteriormente, la Alianza Rebelde estuvieran debilitados por la guerra, pero es incomprensible que el Imperio tuviera tan pocas dificultades para consolidar su gobierno en una galaxia tan convulsa y reacia al control del Núcleo. Pero todavía hay otra incógnita que hemos de despejar en esta ecuación: el Imperio, entendiendo Imperio como el aparato político, económico, burocrático y militar, no necesita tantos recursos para subsistir, ni siquiera para llevar a cabo ese crecimiento territorial y organizativo que nunca llevó a cabo. Entonces, ¿a qué se debe su dominio absoluto? ¿A qué se debe su capacidad para mantener el control en una situación tan frágil? Es sencillo, a Palpatine.

El Imperio Galáctico es mucho más parecido al Imperio Carolingio bajo el dominio de Carlomagno de lo que podríamos pensar en un principio. No entraré en demasiados detalles históricos para no aburrir al personal, pero Carlomagno mantuvo su imperio unido gracias a su carisma, su presencia y su renombre. Además de las relaciones de vasallaje, los missi dominici jugaban un rol importante en esta partida de ajedrez. Siempre eran dos, un maestro y un aprendiz. No, en serio. Uno era de origen laico, es decir, un noble que fuera, preferiblemente, de una familia que no fuera precisamente poderosa; y el otro era eclesiástico, entendiendo que no se trataba de un monje cualquiera, sino de un hombre de Dios perteneciente a un cierto estrato de la jerarquía eclesiástica. Los missi dominici actuaban en parejas, recorriendo el territorio del Emperador y rindiendo cuentas en su nombre con sus vasallos y los miembros del clero. No os imaginéis una escuadra de la Schutzstaffel, porque sus visitas eran mucho más rutinarias, aburridas y protocolarias, pero cuando tenían que ejercer presión o, en casos extremos, emplear la fuerza, la usaban. Bien, este sistema no se sostenía por ninguna pata. Los intereses de los missi eran mucho más cercanos a los de los nobles y sacerdotes de los que recaudaban impuestos que a los del Emperador al que representaban. Para postre, los señores feudales del momento siempre buscaban una mayor autonomía y, si sumamos esto a que las relaciones de vasallaje en un reino medieval tan extenso (y tan embrionario) eran, cuanto menos, difíciles de controlar, nadie debería haber dado un duro por el Imperio de Carlomagno. Quiero decir, la confabulación de dos señores feudales de gran poder habrían bastado para poner fin al Imperio, que se habría visto incapaz de reaccionar ante dos ejércitos coordinados medianamente numerosos que le atacaran por sorpresa. Pero, y aquí viene ya no el giro, sino el quiebro argumental, funcionó. Al menos, un rato. Concretamente hasta la muerte de Carlomagno en el año 814. Esto se debe a una razón muy sencilla: el sistema era, hablando en plata, una reverenda mierda. Lo único que mantenía unido el Imperio era el prestigio del Emperador. Pero, una vez muerto, su sucesor, Luís el Pío, no estuvo a la altura de las circunstancias. No tenía el talento ni el renombre de su padre, así que tuvo que hacer frente no a una, ni a dos, sino a tres rebeliones durante su reinado. A su muerte, el Imperio Carolingio quedó desmembrado en tres partes, repartidas entre sus tres hijos. Esto, como os podéis imaginar, fue el fin del reino Franco como lo entendemos hasta el momento.

Una pareja de “missi dominici”. Se aprecia el de origen laico (izquierda) y el de origen monacal (derecha).

Si habéis entendido esta breve clase de historia, entenderéis a la perfección la dinámica que seguirá el Imperio Galáctico durante su existencia. He establecido esta comparación para que entendáis que que el Imperio ni es un estado funcional, ni pretende serlo. Es una herramienta que sirve los propósitos de su dueño, Sheev Palpatine que, a su vez, es el elemento indispensable para que el Imperio funcione. Es el engranaje que hace encajar las demás piezas de la máquina. Y, como ocurrió con Carlomagno y el Imperio Carolingio, cuando el Emperador muera, el Imperio no le sobrevivirá.

Los mecanismos de la máquina

El Emperador no esperaba sobrevivir a su Imperio. En Legends, porque ni siquiera contemplaba la opción de morir. En el canon actual, porque elabora un plan de contingencia para que sea destruido y, posteriormente, erigiendo todo el plan alrededor de la presencia del Lado Oscuro que acecha desde las Regiones Desconocidas. Esta diferencia en la filosofía del Emperador no es de nuestra incumbencia ahora mismo. Lo que sí es de nuestra incumbencia es que el elemento principal del Imperio es Palpatine. Y no hablo de un mero personalismo, útil en los cuadros más bajos del Imperio, altamente fanatizado, pero inútill en las altas esferas. Y es que, cuando hablamos de altos cargos imperiales, familias aristocráticas, grandes empresarios y el alto mando militar, el miedo y el fanatismo dejan de funcionar. Bueno, casi siempre. Porque podemos encontrar individuos pertenecientes a las altas esferas del Imperio, como el Prelado Verge o Yupe Tashu, en el que el fanatismo por la figura del Emperador es sincero. Aunque, en ambos casos, el fanatismo se debe a un conocimiento total o parcial de la verdadera naturaleza de su Majestad Imperial. A lo que quiero llegar con esto es a que, en realidad, el Imperio es frágil, igual de frágil que cuando todavía daba sus primeros pasos. Sin embargo, el Imperio gira entorno al Emperador y, como he dicho antes, esto no se debe a un mero personalismo, sino que todas las estructuras de estado, mecanismos de poder y aparatos burocráticos sólo funcionan en caso que el Emperador exista. Y escribo la palabra “emperador” con mayúsculas porque si alguien que no fuera Palpatine ostentara el cargo de emperador, el Imperio se hundiría igualmente. De hecho, simplificando al máximo, existen tres motivos bien diferenciados que explican este hecho:

  • El primero, es que el Emperador es el creador del Imperio. Otorga legitimidad al ser su fundador, es su cara visible y, junto con su círculo más cercano, su artífice y mayor conocedor. Palpatine tiene toda la información de un sistema creado por él. Hemos de imaginarnos el Imperio como un rompecabezas que sólo una persona sabe resolver.
  • El segundo son las habilidades de intimidación, persuasión y manipulación de Sidious que, a lo largo de su carrera política teje una telaraña de relaciones y contactos extremadamente sólida y de un alcance inimaginable. Debemos suponer que este segundo factor se debe, en parte, a su dominio del Lado Oscuro.
  • El tercer factor emana directamente de los dos anteriores: el sistema imperial recompensa al sumiso y castiga con vehemencia al disidente. Si obedeces al Emperador y no fracasas, nada malo te ocurrirá. Las recompensas que se ofrecen son demasiado jugosas como para ser desdeñadas, y los castigos, demasiado severos como para ser menospreciados.

El Imperio enriquece y fortalece más allá de la imaginación de cualquiera, siempre y cuando uno acate sus normas. Jugar a favor del Imperio es una victoria asegurada. Porque el Imperio “explota recursos que no necesita”, pero en realidad este inconcebible excedente no es más que un enorme soborno para aquellos que ostentan el poder. Es la recompensa en forma de sector, mina, especia, plastoide, patentes o esclavos para aquellos que son fieles y eficientes en su desempeño. Sin embargo, el sistema imperial promueve la desconfianza, el recelo y la competitividad salvaje. Es un hecho extraño tener compañeros de profesión dentro del Imperio, a menos que sea en el Ejército, la Marina o el Cuerpo de Soldados de Asalto, donde la camaradería parece tener su efecto en muchas ocasiones. Pero, por lo general, todos cuanto te rodean son enemigos, rivales con los que hay que competir y, a ser posible, a los que hay que aplastar sin piedad. En este contexto, la productividad y la competitividad aumentan de formas inimaginables.

Las rivalidades internas y el odio viperino hacia los colegas de promoción generan un ambiente de paranoia constante y, por supuesto, una lucha de poder en la que todo el mundo pretende buscar el favor del Emperador, figura inequívoca de poder y garantía de seguridad y estabilidad. Y es en esta lucha por el poder donde reside el gran éxito de Palpatine, pues sus subordinados se pelean entre ellos, trabajando más y mejor por estar a su lado. La brillantez de ingeniar un sistema que destruye el riesgo de levantamiento interno y aumenta tantísimo la productividad no tiene límites.

Consecuencias

Pero, muerto el Emperador, muerto el Imperio. En el canon actual, la Nueva República apenas tarda un año en acabar con lo que queda de él (una visión que, a decir verdad, me parece extremadamente fantástica). En Legends, el Imperio se disgrega y reunifica en un centenar de ocasiones, culminando en el Imperio Fel, que jamás alcanzaría el poder y la extensión a las que llegó el antiguo Imperio. Pero ambas continuidades coinciden en algo: una vez muere Palpatine, garantía única de unión del Imperio, éste desaparece. Extraído el engranaje principal, el Imperio pasa de ser una maquina implacable a algo que podríamos considerar un bufé libre. Un gran banquete en el que toda una serie de carroñeros se dan un festín con los recursos de la galaxia. Bueno, eso es, en esencia, el Imperio. Digamos que el banquete es más voraz. Y desorganizado. Cada señor imperial lucha contra los demás, expoliando sin restricciones y sin ofrecer las mínimas garantías que ofrecía el Imperio.

La rivalidad y el recelo dan paso al odio y la guerra. La avaricia, sin un férreo sistema que la encauce, se impone a la etiqueta y la disciplina. El Imperio que Gallius Rax despliega en Jakku es el mejor ejemplo que tenemos del Imperio tras la muerte del Emperador: una amalgama de almirantes recientemente alcoholizados, generales de ojeras pronunciadas, soldados de asalto de armaduras raídas más parecidos a piratas que a tropas disciplinadas, vehículos pintarrajeados y personal de abordo entregado totalmente a los impulsos más primarios. Y, aunque la situación no llega siempre a estos extremos, la jauría que Rax dirige en Jakku es la pura esencia del Imperio tras la muerte de su caudillo. Tal vez Thrawn, Pellaeon, Ysard, Sloane o el gobernador Adelard fueran capaces de imponer orden en las situaciones más caóticas, pero nunca, ninguno de ellos, logró reducir las luchas internas; ni mucho menos reunificar una parte significativa del Imperio.

La batalla de Jakku

Cuando el Emperador muere, el Imperio se convierte en un montón de engranajes que no encajan. La muerte de una única persona es todo lo que se necesitó para dividir el Imperio Galáctico en más de mil pedazos.

Espero que todo haya quedado claro.  Como siempre, será todo un placer leer vuestras opiniones al respecto en la caja de comentarios.

9 Comentarios

  1. Woow siempre me pregunte como el Imperio Galáctíco se disolvío de una manera abrupta despúes de los sucesos del Episodio Vl, , con esta nota concuerdo totalmente contigo Maestro Zephan, Palpatine era el mismisimo imperio. Gran nota, y buenos guiños históricos.

  2. entonces en conclusion el imperio era palpatine al llevar engranajes que gobiernan toda la galaxia ,tus referencias al mundo historico son mas de lo esperado gran nota zephan .

  3. Se me hace muy interesante lo que dices zephan,pero todo esto es un gobierno muy unitario, pero el senado como funciona para mantener el poder del emperador, ¿Qué papel juega el senado en todo esto?

  4. Muy buen artículo, la tesis me parece acertada y el desarrollo también, además de ser atractivo. Y si tener capacidad de análisis y reflexión te hace “comunista”, entonces que todos lo seamos.

  5. El secreto del Imperio siempre fue un habilidoso, astuto, organizado, disciplinado e inteligente gobernante. Por ello este gobierno absolutista es por mucho más eficiente que una democracia débil y carente de todas las cualidades mencionadas del emperador, visto de manera masiva sobre los múltiples gobernantes.

  6. Me encanta el artículo, creo que star wars da para estas cosas, es ciencia además de ficción. Es interesantisísima la comparación con el imperio Carolingio, pero creo que es más evidente la relación con el fin de la república romana, el nuevo emperador, como he entendido en el artículo, se sostiene sobre una nueva red clientelar, “engranje”, que son los equites, a los que se le ofrecen las capacidades de ascenso y prestigio de la clase senatorial, así como el negocio que supone el mantenimiento imperial. Todo a cambio de su apoyo. Palpatine, con su Agripa particular Vader, creo que es una referencia clara, la diferencia reside en el largo reinado de Augusto y sobre todo la política populista que no parece llevar a cabo el emperador galáctico. Por último, podría hablar horas, al final de artículo, con el ascenso de los personalismos es tambien muy interesante de comparar con el desarrollo y final del imperio cuando aunque exista un emperador, pero que no tiene la fuerza ni suficiente poder personal para ejercer su autoridad y por tanto caiga antes quienes si la poseen y pueden ejercerla, en general grandes militares, como Snoke (?). La formación de grandes imperios siempre dependen de una fuerte personalidad, como Alejandro, Gengis Khan o Napoleón. Me hubiera encantado que la nueva triología tratara este tema, hubiera completado la profundidad que le dan las precuelas, además de algo de reflexión más allá de la guerra es mala o lo que quieran decir.

  7. Me ha gustado mucho este blog, en especial con esa comparación histórica, y cómo se nota al final que todo, desde las Guerras Clon hasta la existencia y funcionamiento del propio Imperio, es obra del viejo Palpy. El mejor señor de los Sith en mi opinión 😀

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