Tras el debut de El Retorno del Jedi, se apuntó, en una parcial fallida pretensión de revivir el fanatismo previo, a un público infantil, empleando series como Star Wars: Droids. Pese a ello. el verdadero progreso del universo expandido llegaría en 1987 con la publicación de Star Wars: The Roleplaying Game, conquistando la notoriedad dentro de un nicho hermético para la época. Este cosmos tan lejano se expandía, sin sosiego, a través de numerosos libros, cómics y expansiones para este triunfal juego.

A pesar de lo expresado previamente, el perentorio éxito resurgiendo el universo expandido llegaría en 1991 con el desarrollo de la historia consiguiente al episodio seis y la contratación de Timothy Zahn para ello, novelizando Heredero del Imperio e introduciendo figuras como Thrawn, mientras Dark Horse velaba el terreno del cómic divulgando eminencias como Imperio Oscuro.

La retroalimentación fue la clave para germinar la continuidad. Los autores contemplaban su brega mutuamente persistiendo unos el credo de los otros.

Además, el estreno de las precuelas supuso rasgar la caja de Pandora y permitió a los literatos explorar los acontecimientos precedentes a Una Nueva Esperanza. La libertad creativa posibilitó la expansión del universo y la concepción de narraciones tanto excelentes como mediocres.

Finalmente, arrimándonos al ciclo actual, la adquisición de Disney sobre los derechos de Star Wars y la consiguiente rescisión de licencias para constituir una nueva linea temporal forzó a Dark Horse a propalar el material a su alcance, con la pretensión de explotar económicamente el escaso tiempo con la franquicia que les restaba propagando publicaciones como el primer borrador de Star Wars.

Conclusivamente, cuando el tiempo se agotó para Dark Horse, Marvel anunció nuevas series tal que Darth Vader y se constituyó la etapa Disney (en la que actualmente permanecemos).

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