Con una imagen de Ryan Gosling y Flynn Gray en el set de rodaje, Lucasfilm ha anunciado el inicio de la producción de la película Star Wars: Starfighter, la cual fue revelada en la pasada Star Wars Celebration. Dirigida por Shawn Levy, llegará a los cines el 28 de mayo de 2027, solo tres días después del 50º aniversario del estreno de Una nueva esperanza.
«Siento una profunda emoción y un gran honor al comenzar la producción de Star Wars: Starfighter«, declara su director, Shawn Levy, en starwars.com. «Desde el día en que Kathy Kennedy me llamó para invitarme a desarrollar una aventura original en esta increíble galaxia de Star Wars, esta experiencia ha sido un sueño hecho realidad, tanto creativa como personalmente. Star Wars moldeó mi percepción del potencial de una historia, de cómo los personajes y los momentos cinematográficos pueden perdurar para siempre. Unirme a esta galaxia narrativa con colaboradores tan brillantes, tanto en pantalla como fuera de ella, es una experiencia inolvidable».
Starfighter será una película independiente ambientada 5 años después de los eventos del Episodio IX, siendo la primera obra del nuevo canon situada tras el capítulo final de la Saga Skywalker. Su historia seguirá al personaje de Ryan Gosling, quien tendrá el cometido de proteger a un niño (Flynn Gray) del acecho de sus malvados perseguidores (entre los los personajes de Mia Goth y Matt Smith).
Ryan Gosling y Flynn Gray en el set de rodaje.
Reparto estelar
Lucasfilm ha aprovechado la noticia publicada en starwars.com para anunciar el elenco completo de la película. Además de sus protagonistas mencionados anteriormente Ryan Gosling (La La Land, Barbie) y Flynn Gray (Borderline), formarán parte de ella Matt Smith (Doctor Who, La casa del dragón), Mia Goth (Pearl), Aaron Pierre (Genius, El ferrocarril subterráneo), Simon Bird (The Inbetweeners), Jamael Westman (La vida sigue), Daniel Ings (The Gentelmen) y Amy Adams (Encantada: la historia de Giselle, Arrival).
La película estará dirigida por Shawn Levy y contará con el guion de Jonathan Tropper. Levy también ejerce como productor junto a Kathleen Kennedy. Ryan Gosling, Dan Levine, Mary McLaglen y Josh McLaglen son sus productores ejecutivos.
Starfighter llegará a los cines el 28 de mayo de 2027. Será la siguiente película en estrenarse tras The Mandalorian and Grogu, la cual está programada para el 22 de mayo de 2026 y cuyo rodaje ya ha finalizado.
¡La Galaxia está patas arriba! El especial no canónico LEGO Star Wars: Reconstruye la Galaxia recibirá una secuela titulada LEGO Star Wars: Reconstruye la Galaxia – Piezas del Pasado, la cual contará con un total de cuatro episodios que estarán disponibles el próximo 19 de septiembre a Disney+. A continuación, os dejamos su nuevo tráiler: original y castellano (LATAM).
Piezas del Pasado seguirá el planteamiento y el tono humorístico de su primera parte sirviendo como una parodia de la saga en versión LEGO con tintes de What if…?, pues, en sus episodios, los grandes héroes de la historia galáctica se convertirán en villanos y viceversa. Nuevamente, estará protagonizado por el pastor de nerfs Sig Greebling y su mentor, el personaje original de LEGO Bobarian Afol, más conocido como Jedi Bob. En esta ocasión, el gran villano será el maestro Solitus, una fuerza del mal que tiene por objetivo deshacer el orden establecido en el universo y controlar la Galaxia a su antojo.
Darth Jar Jar.
Sin embargo, el mayor atractivo que acaba suscitando el especial es la aparición de las versiones alternativas de los personajes protagonistas de Star Wars, como es el caso de Darth Jar Jar. Prácticamente desde el estreno de las precuelas, Jar Jar Binks dio lugar a todo tipo de teorías por parte de los fans, quienes en su momento plantearon que la torpeza de su personaje era en realidad forma de esconder su naturaleza como lord sith. Darth Jar Jar trascendió el mundo de las teorías de Reddit y dio el salto a la pantalla en Lego Star Wars: Reconstruye la Galaxia siendo interpretado por Ahmed Best, quien, como no podría ser de otra forma, le volverá a dar voz en esta segunda parte.
Quizá la mayor sorpresa del tráiler sea la aparente aparición de Darth Revan, quien en algún momento se enfrentará a Sig y a su hermano malvado, Dev. En el especial, Revan luce su clásica túnica con máscara mandaloriana y los sables de luz rojo y morados que empuñó durante la Guerra Civil Jedi en Legends. Se trataría, por tanto, de la primera aparición del mitificado personaje de Legends en un serie, aunque cabe recordar que estos especiales de LEGO no son canónicos.
Existe la posibilidad de que el personaje que aparece en el tráiler no sea el verdadero Revan y que detrás de su máscara se encuentre otro personaje conocido de la Saga Skywalker. Por ejemplo, eso mismo ocurre en el caso de El Mandaloriano, cuya armadura lleva Lando Calrissian en lugar de Din Djarin.
¡Darth Revan aparecerá en el especial LEGO Star Wars: Reconstruye la galaxia — Piezas del pasado!
Otro personaje salido de los videojuegos que aparecerá en el especial es Cal Kestis, a quien se puede ver en el póster. En su salto al formato televisivo, el protagonista de Jedi: Fallen Order y Jedi: Survivor será interpretado por su actor original, Cameron Monaghan. También es digna de mención la aparición de un colosal Chewbacca de más de 2000 piezas, en honor a su set de LEGO; la de Jaxxon, el lepi de los Clásicos de Marvel; y la de los Porgil, un híbrido entre los porgs y los purrgil.
El reparto completo de LEGO Star Wars: Reconstruye la Galaxia – Piezas del Pasado incluirá a varios actores que repetirán el papel de la primera parte. Este es el caso de Gaten Matarazzo (Sig Greebling), Tony Revolori (Dev Greebling), Bobby Moynihan (Jedi Bob), Marsai Martin (Yesi), Michael Cusack (Servo), Ahmed Best (Darth Jar Jar), Anthony Daniels (C-3PO malvado), Sam Witwer (Maul), Helen Sadler (Darth Rey), Phil LaMarr (Darth Kit Fisto), Matthew Wood (General Grievous), Jake Green (Greedo), Shelby Young (Leia), Piotr Michael (Yoda), Matt Sloan (Jedi Vader), Trevor Devall (Maestro Jedi Sheev, una versión jedi de Palpatine), Dee Bradley Baker (Darth Nubs), Naomi Ackie (Jedi Jannah), Kevin Michael Richardson (Jedi Jabba el Hutt), Kelly Marie Tran (Darth Rose Tico) y Mark Hamill (Luke Skywalker).
Las nuevas incorporaciones incluyen a Jennifer Hale (droide sonda), Ashley Eckstein (Ahsoka Tano), Catherine Taber (reina pirata Amidala), Cameron Monaghan (Cal Kestis), Nika Futterman (Asajj Ventress), Andre Sogliuzzo (Cassian Andor), James Arnold Taylor (Obi-Wan Kenobi), Dee Bradley Baker (Fuerza Clon 99) y Brian George (Ki-Adi-Mundi).
Los cuatro episodios de LEGO Star Wars: Reconstruye la Galaxia – Piezas del Pasado estarán disponibles el próximo 19 de septiembre en Disney+.
La película Star Wars: Starfighter está a pocos meses de iniciar su rodaje y Lucasfilm ya está acabando de cerrar los últimos huecos en su elenco. Lo cierto es que la película dirigida por Shawn Levy cuenta sus nuevas incorporaciones por estrellas de Hollywood. Según ha podido saber Deadline, el último actor en unirse a ella es Matt Smith, quien interpretará a uno de los villanos principales.
Matt Smith saltó a la fama en 2010 al encarnar al Undécimo Doctor en Doctor Who y a lo largo de su carrera ha alternado papeles destacados en el cine y la televisión, incluyendo el del Duque de Edimburgo en la serie The Crown, por el cual fue nominado a los premios Emmy, Loxias Crown en la película Morbius y Daemon Targaryen en la serie La Casa del Dragón.
¿Qué sabemos de 'Star Wars: Starfighter'?→ Ambientada 5 años después del Episodio IX.→ Dirigida por Shawn Levy.→ Guion de Levy y Jonathan Trooper.→ Protagonizada por Ryan Gosling.→ Mia Goth interpretará a una villana.→ Su rodaje empieza en otoño.→ En cines el 28 de mayo de 2027.
Esta no es la primera vez que se relaciona a Matt Smith con Star Wars. De hecho, el actor británico estuvo muy cerca de aparecer en El ascenso de Skywalker. Según confirmó él mismo en el podcast Happy Sad Confused, su personaje iba a ser muy relevante para la trama de la película y su mera presencia iba a suponer un giro trascendental en el contexto de la Saga Skywalker. Sin embargo, su aparición fue eliminada en revisiones posteriores del guion. Los rumores previos al estreno de la película sugerían que iba a interpretar a una versión joven de Darth Sidious.
Reparto estelar
Matt Smith se une a un elenco que ya tiene confirmados al ganador del Globo de Oro Ryan Gosling (La La Land, Barbie), quien interpretará al protagonista, y a Mia Goth (Pearl), quien interpretará a una de las villanas. Según The Hollywood Reporter, la película, ambientada 5 años después de los eventos del Episodio IX, seguirá al personaje de Gosling, quien deberá proteger a un joven a su cargo del acecho de sus malvados perseguidores entre los que se encontrarán los personajes de Goth y Smith.
¡#StarWars: Una Nueva Esperanza regresará a los cines el 30 de abril de 2027 por su 50º aniversario!
La película dirigida por Shawn Levy, quien ejerce como guionista junto a Jonathan Trooper, empezará su rodaje este mismo otoño y llegará a los cines el 28 de mayo de 2027, exactamente 3 días después del 50º aniversario del estreno de Una nueva esperanza. Además, para conmemorar una celebración tan especial, la Star Wars original recibirá un reestreno a nivel mundial entre el 30 de abril y, al menos, el 4 de mayo de ese mismo año, por lo que las carteleras de la primavera de 2027 recibirán dos películas de Star Wars.
La San Diego Comic Con suele dejarnos varias novedades referentes a la literatura y el coleccionismo de Star Wars y este año no ha sido una excepción. Además, la presente edición del evento ha tenido como aliciente la conmemoración del 20º aniversario de Lucasfilm Animation, con motivo del cual nos ha ofrecido un nuevo vistazo de las próximas series de la franquicia. A continuación, detallamos los anuncios más importantes.
Ahsoka
En el marco de una exposición dedicada al 20º aniversario de Lucasfilm Animation, se ha revelado la primera imagen de la segunda temporada de Ahsoka. El protagonista de la misma es Ezra Bridger, quien precisamente tiene su origen en la animación al ser introducido hace 11 años en Star Wars: Rebels. El personaje interpretado por Eman Esfandi luce un uniforme azul que lo identifica como oficial de la Nueva República, sugiriendo que en los próximos episodios volverá a servir a las órdenes de Hera Syndulla tras su reciente regreso desde Peridea.
La segunda temporada de Ahsoka se encuentra en pleno rodaje, el cual se está llevando a cabo en Londres, y su estreno está previsto a finales de 2026. Además de Ezra (Eman Esfandi), también están confirmados los regresos de Ahsoka (Rosario Dawson), Sabine Wren (Natasha Liu), Hera Syndulla (Mary Elizabeth Winstead), Shin Hati (Ivanna Sakhno), Thrawn (Lars Mikkelsen), Zeb Orrelios (Steve Blum) y Anakin Skywalker (Hayden Christensen). Además, Rory McCann tomará el testigo del malogrado Ray Stevenson como Baylan Skoll.
Maul: Shadow Lord
La exposición de Lucasfilm Animation también ha revelado la primera imagen oficial de Maul: Shadow Lord, la próxima serie de animación a cargo de la compañía. Anunciada en la pasada Star Wars Celebration, Maul: Shadow Lord estará ambientada un año después de la formación del Imperio y narrará el ascenso de Maul (Sam Witwer) en el mundo criminal a medida que reconstruye su sindicato, el Crimson Dawn. Llegará a Disney+ en 2026.
El regreso del mandaloriano
The Mandalorian recibirá, por fin, una guía visual que, de la mano de Pablo Hidalgo, profundizará en los entresijos de las tres temporadas de la serie. Su lanzamiento tendrá lugar en mayo de 2026, justo a tiempo para el estreno de The Mandalorian and Grogu.
Novelas
Los medios escritos de Star Wars han contado con varios paneles en el evento, aunque el de Random Hous Worlds ha sido el que ha revelado un mayor volumen de novedades. Empezando por la Reign of the Empire: Edge of the Abyss, la segunda entrega de la trilogía Reign of the Empire, iniciada por la ya publicada Reign of the Empire: The Mask of Fear y protagonizada por Mon Mothma, Bail Organa y Saw Gerrera. Escrita por Rebecca Roanhorse, Edge of the Abyss estará ambientada 1 año antes de los eventos de la primera temporada de Andor y se publicará en otoño de 2026.
La tercera novela de la mencionada trilogía será Reign of the Empire: From the Ashes, la cual será escrita por Fran Wilde y verá la luz en verano de 2027.
La gran sorpresa ha sido el anuncio de Star Wars Outlaws: Low Red Moon, una novela precuela del videojuego Star Wars: Outlaws protagonizada por ND-5 y Jaylen Vrax. Escrita por Mike Chen, se publicará el 3 de febrero de 2026.
Cómics
El panel de Lucasfilm Publishing ha revelado varias novedades en materia de cómics y adelantos de obras ya anunciadas anteriormente, como Hyperspace Stories: Tides of Terror, una miniserie de cuatro números, el primero de los cuales se publicará el 30 de julio, en la que Kit Fisto, Mace Windu y Shaak Ti deberán hacer frente a la megafauna submarina del planeta Tordus.
Como ya viene siendo tradición, Cavan Scott celebrará la llegada del otoño escribiendo una nueva miniserie de terror publicada por Dark Horse Comics. En esta ocasión será Tales from the Nightlands, la cual estará protagonizada por el Nightlander, un fantasma diseñado por el legendario artista conceptual Iain McCaig que busca poseer a un huésped viviente y sembrar la miseria y la desesperación en la galaxia. Su primer número llegará 5 de septiembre de 2025.
Y la Fuerza Clon 99 regresa una vez más en formato cómic con la miniserie Hyperspace Stories: The Bad Batch – Rogue Agents. Escrita por Michael Moreci, seguirá a nuestros clones defectuosos favoritos en plenas Guerras Clon durante una misión en la cual deberán capturar a un científico separatista desaparecido junto a su peligroso invento. Contará con cuatro números y el primero de ellos se publicará el 17 de diciembre.
Hasbro
Finalmente, en el panel de Hasbro se han revelado varias figuras de The Black Series que los amantes del coleccionismo no tardarán en tener en sus estanterías. Destacan varios packs que recrean los duelos de Mace Windu y Palpatine, Anakin y Obi-Wan en Mustafar, y Luke y Vader en Bespin.
Más allá de los duelos, también se ha revelado un pack de nuevo pack de Anakin y Rex, así como nuevas figuras de Jango Fett, Asajj Ventress en su versión de cazarrecompensas y Qimir. Puedes encontrar todos los anuncios del panel de Hasbro en este artículo de starwars.com.
I. Entre el sable y la fábrica: política y mito en el Star Wars de Disney+
Aunque Star Wars siempre ha sido una space opera que amalgama ciencia ficción y fantasía, en sus producciones recientes se advierte una voluntad por acentuar registros —con mayor o menor fortuna en cada tentativa— que empieza a perfilar sensibilidades divergentes dentro del mismo universo. Sabiendo que las ramificaciones son múltiples y que caben matices al margen, vamos a centrarnos en dos ejes reconocibles a través de dos series recientes de Disney+: Andory Ahsoka.
Por un lado, Andor se mete de lleno en la microfísica del poder, la resistencia ciudadana, el totalitarismo, la burocracia imperial, el sacrificio ético-político. Por el otro, Ahsoka retoma los elementos mitopoéticos: la Fuerza como misterio, el eco infinito de los elegidos, los mundos ocultos, los símbolos arquetípicos, la épica espiritual. Ambas operaciones representativas están inscritas en el sustrato fundacional de Lucas, y ambas deciden qué ignorar y qué retomar para construir su particular discurso formal.
Andor pone lo político tan en primer plano que muchos la han leído casi solo en clave ideológica: análisis del ascenso del fascismo, la banalidad del mal en la burocracia imperial, el precio ético de la resistencia, la maquinaria del poder como telón de fondo de cualquier gesto humano. Todo eso está, pero reducirla a eso es arriesgarse a ver Andor como una pancarta muy bien rodada, y no lo es. Como cualquier obra, voluntariamente o no y por simples que sean sus presupuestos, Andor aúna diversas sensibilidades y es compleja, cuya potencia no se agota en sus tesis, que no son más (ni menos) fértiles que las de la saga con la que dialoga; una saga condicionada, claro, por los pactos ideológicos del Hollywood que la produce.
Lo que propongo es lo siguiente: si reducimos Andor a una tesis política, corremos el riesgo de pasar por alto que su naturaleza es la de una exploración estética de la representación misma, que de hecho es su gran diferencia y aportación a la saga por su carácter tonal. Es decir, Andor no solo muestra una revolución, sino que piensa —en sus formas, cortes, encuadres, ausencias sonoras, en los términos que usa, en dónde decide mirar— cómo se representa una revolución.
Para hablar de Andor, partimos de que su relación con la obra de Lucas es extremadamente sensible y respetuosa con su sustrato ideológico, hasta el punto de ser casi conservadora al llevar sus motivos e inquietudes al mismo lugar que la saga original. Los temas son los mismos en el fondo, pero cambian los términos: la responsabilidad y los afectos del jedi ahora son una cuestión de impureza revolucionaria, donde lo íntimo se vuelve una especie de enemigo de la rebelión, generando tensiones que desembocan en escenarios conocidos —el triángulo Bix-Cassian-Luthen como eco de Padmé-Anakin-Consejo Jedi—. Al final, ambas obras apuestan por afirmar que en la revolución caben las dos cosas, incluso en personajes que encarnan solo la responsabilidad revolucionaria y otros que, libre y esperadamente, caminan entre ambos mundos.
En resumen, si Lucas proponía una ética del elegido, Andor apuesta por una ética de la renuncia. Y al final, ambas narrativas se encuentran irremediablemente: en la revolución caben los puros y los contaminados, los mártires y los cínicos, los solitarios y los que aún creen que amar no es una debilidad. La operación de fijarse en ellos es esencialmente formal —porque tiene que ver con a quién se mira, más que con las conclusiones— y merece tanto análisis como los temas que la motivan. Ahora hay espacio para una ópera mitológica y para un thriller fabril. Hay espadas láser y hay huelgas. Hay místicos de túnica y sanadores, pero también guerrilleros y sindicalistas con carpeta. Y ambas cosas —esto es lo importante— siempre han estado de alguna forma en Star Wars, lo nuevo es el desequilibrio.
II. Bailar bajo la sombra del Imperio
Una vez hayamos estudiado Andor para explorar su afinidad ideológica con el universo original de Star Wars y las operaciones formales que le dan cuerpo y ritmo, toca detenernos en un momento enigmático y potente: el baile de Mon Mothma en el último episodio del primer tríptico de la segunda temporada de Andor.
A primera vista, podría parecer una escena ornamental —otra coreografía aristocrática en un entorno imperial asfixiante—, pero, si la tomamos en serio, se revela como una condensación densa del conflicto central de la serie: la lucha entre forma y contenido, espectáculo y resistencia, compromiso y entrega. No es un momento que interrumpe el relato para reforzar la atmósfera. El gesto de Mothma no ilustra, produce: no traduce una idea previa, la genera en acto.
Aquí no hay símbolo fácil ni metáfora directa. Mon Mothma baila, pero no como quien celebra o se deja llevar por el placer. Su cuerpo está en escena, sí, pero su conciencia está en crisis, ajena a la realidad que le ocupa. Frente a ella, su esposo funciona como apunte antropológico: un sujeto hedonista, despolitizado, feliz de haber cedido el pensamiento a cambio de confort. Su presencia, siempre un poco de más, representa esa deriva naturalizada que hace del privilegio un estado de ánimo. Él vive en el espectáculo, pero no lo habita. Mothma, en cambio, se contamina de él para desactivar su gramática. No lo niega: lo recorre desde dentro con gesto firme. Y eso basta para subvertirlo.
Esto abre un espacio interesante: ¿se puede resistir desde dentro de la forma? ¿Puede el arte —y, por extensión, el entretenimiento— alojar la contradicción sin resolverla, sin «superarla» como pediría una lógica revolucionaria que desconfía de lo ambiguo? El baile de Mothma no responde con claridad, pero plantea la pregunta. Y en esa pregunta está parte de la potencia formal de Andor, que no predica ni adoctrina, sino que pone al espectador en una posición incómoda que responde a una construcción de la evidencia, de lo que conlleva la incuestionable necesidad de lo revolucionario.
Esta escena no es un epílogo a este primer acto, sino un eje estructural. En el baile y los gestos que lo rodean —la traición necesaria de Luthen al decidir acabar con su amigo, la blandura nihilista del marido, el artificio imperial— se condensa una red de tensiones que atraviesa la serie y cuestiona el lugar del espectador en el espectáculo que consume. No se trata de «leer políticamente» la escena, sino de asumir que la política está en la forma misma; que la estética no es un disfraz del contenido, sino su manera de insistir en el mundo.
III. Impurezas: «la santa mundana», la forma como fuga y la resistencia desde dentro del aparato industrial
Una pregunta que flota de forma orgánica a raíz de todo esto —y que no hay que despachar con sarcasmo— es si una serie industrial, nacida en la factoría Disney, puede realmente operar políticamente. ¿No está condenada, por diseño, a reproducir la ideología de su matriz corporativa?
Sí… pero maticemos. Fredric Jameson sugiere que incluso los productos más alineados ideológicamente pueden contener «deseos utópicos»: zonas de ambivalencia o de fuga, latencias de sentido no del todo absorbidas por su función. La clave está en cómo se articulan esos deseos y si el texto permite leerlos como tales. En Andor, el lenguaje visual, la música, la estructura coral, las decisiones de montaje… todo apunta a una pulsión de sentido que va más allá del guion. Hay una estética del ahogo que no es neutra. Una incomodidad que no busca epatar: quiere sacudir.
Tal vez lo más político que puede permitirse una serie de Disney es esa incomodidad persistente. No el eslogan, sino el malestar formal. Un malestar que se nutre de su condición impura para resonar con más fuerza. Cuando un gesto, un plano o un baile vehicula las lecturas de la serie, se abre un grado de interpretación que opera con mayor fuerza. Andor no se puede leer desde una lógica binaria de «compromiso» o «evasión». Su propuesta es abrazar la impureza como destino: no hay un afuera del espectáculo, solo maneras de habitarlo con más o menos lucidez. El análisis también cae en esa trampa: hablar de Andor es tropezar con las tensiones que la serie señala en sus gestos. Pero tal vez ese sea el camino: no evitarlas, sino habitarlas.
No hablamos de una «suciedad» moral ni de una mancha accidental, sino de una impureza estructural. El arte siempre ha dialogado con las formas del poder. La pintura clásica habitó cortes, pero coló mundos privados en escenas oficiales. La arquitectura construyó templos para la dominación, pero también refugios para lo colectivo. Las artes dramáticas —literatura, teatro, cine— han florecido dentro de sistemas opresivos y aún así los han maleado desde dentro de sus universos. Luis García Berlanga, en plena dictadura franquista, ofreció ironías y disonancias donde debía haber propaganda. Manuel Mur Oti tensionó el melodrama para sacar a flote contradicciones morales principalmente relacionadas con lo femenino. Las grandes películas de Hollywood —desde Blade Runner (Scott, 1982) hasta Eyes Wide Shut (Kubrick, 1999), e incluso las fugas de la Edad de Oro de Hollywood esquivando las balas que imponía el Código Hays, algunas veces hasta manifiestamente accidentales como en Objective, Burma! (Walsh, 1945)— desafían el aparato industrial sin renunciar a sus formas espectaculares. La comparación con Andor puede parecer caprichosa, pero no va tan orientada a la fuerza o relevancia de la obra y sus ideas, sino al tipo de espacio en el que ha sido gestada.
Dicho esto, la lección es clara: el arte industrial no vive en un exterior puro del poder. La resistencia estética, si ocurre, sólo puede ser desde dentro, no como coartada, sino como tensión: una forma que se pliega y se estira, que se acomoda sólo para torcerse. Eso encarna Mon Mothma: su baile no busca escapar del espectáculo, sino deformarlo. No es evasión, es fricción. Por eso no se opone a Luthen Rael como un simple polo complementario. Luthen renuncia a todo para ser una herramienta revolucionaria, sin placer, sin rostro, sin baile. Mothma, en cambio, resiste desde dentro, entre el lujo y la mentira, entre la coreografía del poder y la rigidez del deber.
Esta figura —que, como ensayo poético, podríamos llamar una «santa mundana»— encarna una política posible del audiovisual mainstream contemporáneo: no redimirse, sino habitar el conflicto. Andor no predica una utopía o una distopía futura, sino que pone en escena el presente y el pasado reciente con sus propias armas, sin esconder su impureza ni pedir disculpas por ella. Una impureza que no sólo se muestra en este caso, quizás el más evidente y por añadidura climático por su cualidad esclarecedora, sino que se registra en cada representación de los rebeldes que se muestran en la serie. Este baile es el amor para Cassian y Bix, la adicción para esta última, la gestión del dolor latente del también adicto Saw Gerrera, la vida más allá del compromiso para Kleya… todos son, de alguna manera, santos mundanos cuyas dependencias con la vida se confrontan con su integridad revolucionaria.
IV. Andor, ¿un alegato contra el mito?
El verdadero valor de Andor no está en inventar temas nuevos —sus ideas de fondo son, en esencia, las mismas que las de la saga original—, sino en cómo las somete a prueba. La serie convierte Star Wars en su propio campo de resistencia: interroga sus supuestos, desmantela sus pulsiones épicas, descompone su gramática visual y su arquitectura moral para comprobar qué queda en pie cuando se raspa el barniz del mito. Lo que emerge es un ejercicio radical de realismo, no solo estilístico, sino epistemológico: Andor no representa la esperanza como metáfora, energía mística o giro de guion; la disecciona, la problematiza, la arriesga. El manifiesto de Nemik es una joya rara: un texto político que racionaliza la esperanza como análisis y como acción, no como consigna. Su tono —mezcla de documento clandestino, sermón laico y pensamiento en voz alta— evidencia la apuesta de la serie: todo debe ser pensado de nuevo. No hay esperanza sin memoria, sin organización, sin sacrificio, sin discurso. Entender la lógica de la esperanza es, aquí, el motor indispensable de la revolución.
Lo milagroso es que el núcleo temático de Star Wars sobreviva a ese escrutinio, que sus ideas resistan al despegarse de la capa pulp y enfrentarse, sin coartadas, al mundo real: al miedo concreto, a la opresión específica, a los dilemas morales sin desenlace limpio. Andor no desmiente a Star Wars, sino que la continúa desde su costado más racionalista: muestra cómo la determinación del héroe puede nacer no del aura del destino, sino del reconocimiento analítico de una estructura injusta. Cassian Andor no es menos valioso como héroe que Luke Skywalker; es, simplemente, más complejo. Carga con las zonas ciegas que la trilogía original dejaba fuera, por decisión narrativa o por los límites industriales de su tiempo. La falta de escrúpulos de sus personajes, su ambigüedad, su pragmatismo… no le restan grandeza: la recalibran. Y al heredar las ideas de la saga para pensarlas desde otro lugar, Andor acaba reivindicando incluso el engranaje pulp que le dio origen.
Al fin y al cabo, Andor no interroga a su saga, sino al propio concepto de fondo ideológico en la ficción. ¿Hay realmente un «fondo»? ¿Es el contenido político algo que está debajo de la forma, como un mensaje oculto, o se manifiesta en la forma misma, en sus estrategias, silencios, ritmos, selección de imágenes, gramática ética? Como dice Jacques Rancière, la política del arte está en cómo dispone lo visible, en la redistribución de lo sensible. Andor no sólo tematiza la resistencia, sino que la practica desde su dispositivo formal, renunciando a los códigos fáciles, al espectáculo inmediato y a la ironía tranquilizadora. En lugar de prometer la revolución, simula sus condiciones de posibilidad. Sin embargo, todas estas operaciones sirven para legitimar las ideas que recoge; nos enseña que este es el resultado de dialogar «en serio» con el sustrato ideológico y formal de Star Wars.
Andor, como podemos deducir que también Star Wars, se alinea con una genealogía impura del arte —e insisto en el arte y no en los artistas y sus condiciones, que suscitarían otro tipo de debate— que ha sabido habitar estructuras opresivas. En un ecosistema industrial donde estas producciones se asumen como mercancía, en el caso de Andor introduce pensamiento, densidad y riesgo en un objeto que, a simple vista y desde su concepción industrial, es puro entretenimiento de masas. Su gesto político no está siempre en lo que dice, sino en cómo se sostiene: en su rechazo al tono cómplice del mainstream actual, esa ironía de segunda mano que, como decía Miguel Marías sobre Raiders of the Lost Ark (Spielberg, 1981), película fundacional de esta condición que llega a nuestro presente, sirve de escudo contra la vergüenza. Andor se quita ese escudo. Se expone. Cree en lo que muestra sin cinismo. Esa seriedad —rara, casi anacrónica, aunque algo emparentada por su gravedad con ciertos arrebatos de clasicismo en las precuelas— la hace un cuerpo extraño en su ecosistema y, quizás, una de las representaciones recientes más honestas de Star Wars. Esto no significa que una comedia de Star Wars no pueda tener cabida; de hecho, creo que sería deseable. La clave está en la seriedad de la forma.
La influencia de Mark Fisher, cuya lucidez ha sido —y sigue siendo— fundamental para pensar la relación entre deseo, cultura y capitalismo, ha dejado también una huella paradójica: la de cierto escepticismo programático que, heredando lo más sombrío de su diagnóstico, ha convertido su pensamiento en una suerte de condena sin apelación para toda forma cultural que emerja del mainstream. El riesgo no está en la crítica —que de hecho es justa y urgente—, sino en la clausura de toda posibilidad estética allí donde interviene la lógica industrial. Atribuirle al sistema tal capacidad de asfixia es concederle más poder del que merece. El capitalismo es eficaz a la hora de aplanar, de propiciar la mediocridad, de estandarizar los signos; pero no ha logrado, ni logrará, erradicar las fugas, los gestos, las formas que se escapan. No hay régimen —ni el económico, ni el político, ni el simbólico— que haya logrado impedir que el arte, incluso alojado en su vientre, produzca zonas de tensión. Hay una trampa lógica también en el extremo opuesto: entender, como propone Pedro Vallín, que la cultura de masas es la única realmente emancipadora. Una afirmación que me parece rotundamente equivocada. Umberto Eco, en Apocalípticos e integrados (1964) —quizás la lectura más sugerente para este debate—, reconoce el potencial de la cultura popular sin desatender la simplificación ideológica y el consumo irreflexivo que a menudo implica. Eco no desactiva el conflicto: lo expone. La idea que propongo aquí es que el capitalismo tardío asume un riesgo cuando absorbe e instrumentaliza la disidencia. Un riesgo que puede y debe ser explotado: tanto extrayendo pensamiento de sus fugas como señalando su estrategia. Andor, como otras obras surgidas del interior de la maquinaria cultural dominante, no se limita a sobrevivir a esas tensiones: las hace hablar.
Tal vez por eso acierta tanto al retratar al Imperio no como un ente en máxima alerta, sino como una maquinaria confiada, relajada, saturada de su propia lógica. Un sistema que, en su pretendida estabilidad, se vuelve poroso. Esa laxitud inconsciente permite que ciertas grietas puedan abrirse desde dentro. Y si esa imagen funciona como metáfora política, lo hace también como analogía con el estado del arte en contextos industriales: cuando el sistema hegemónico cree haber absorbido toda anomalía, baja la guardia. Y es entonces cuando pueden colarse obras que no refuerzan la estructura, sino que la desgastan en sus bordes. No se trata de idealizar el arte producido bajo condiciones capitalistas, sino de no dar por perdido, de antemano, todo lo que sale de él. A veces, la herramienta que mina el régimen no llega desde fuera, sino desde un pliegue interno que parecía inofensivo.
De nuevo, no creo que haya que entender Andor como una herramienta política y reivindicarla principalmente desde esta óptica, porque no es ni su lugar en el espacio ni su objetivo, que en todo caso se adhiere a la política para realizar una exploración estética de su representación. Pero todo lo que hay de subversivo en Andor (sea mucho o poco) se cifra en ese gesto: resistir desde el corazón del imperio narrativo. No necesariamente por las convicciones de sus creadores, sino por lo que la serie es y cómo se declama. De hecho, quizás su sentido solo aparece como parte de ese engranaje; no existe una Andor alternativa, desligada de las imposiciones industriales, porque en ese mundo sus ideas quizás ya estarían superadas. Como el arte clandestino en palacios, el teatro político en escenarios estatales, o el cine que encuentra libertad bajo censura a través de la elipsis o la estructura, Andor demuestra que la potencia crítica del arte no reside en su pureza, sino en su capacidad para tensar los lenguajes heredados hasta que crujen. Que una obra así emerja desde una de las franquicias más normativas del siglo es una paradoja hermosa, pero también un recordatorio —de tono casi histórico— de que todavía es posible pensar, resistir y narrar desde dentro del espectáculo.
V. Lo íntimo como horizonte
La imagen final de Andor, con Bix sosteniendo al bebé que ha tenido con Cassian, puede parecer a primera vista un giro algo anticuado, un cliché con cierto aroma a conservadurismo rancio. De hecho, no es una crítica injusta: cerrar una serie que nos está hablando de un equilibrio con una nota en la que se inclina tanto la balanza, con una imagen que nos remite a ideas tradicionales que han parasitado un tipo de narrativa durante gran parte de la historia del medio, puede parecer una patinada insostenible. Hay un debate legítimo sobre si Andor aterriza bien las ideas que subyacen en esa imagen o si, en su afán por cerrar el arco final con contundencia, cae en una solución que se adhiere a una tradición cuestionable. Aquí es donde la serie se presta a una crítica fértil, un espacio para preguntarse si su apuesta pierde colmillo al abrazar una imagen tan cargada de tradición. Pero, rascando un poco, esa escena puede operar en otro grado de lectura: el bebé de Cassian no es sólo un símbolo de futuro, sino una apuesta por la convivencia entre lo íntimo y lo político, un recordatorio de que el compromiso personal es el ancla que mantiene viva la revolución.
Esa criatura, nacida en la sombra de la guerra, no es un mero accesorio sentimental resultado de la exigencia de un final emotivo. Su existencia apunta al horizonte que justifica la lucha: una vida que crece en paz, al margen de la violencia y la opresión. No se trata de que lo íntimo y lo político sean lo mismo, como si la revolución pudiera resolverse sólo desde lo doméstico, sino de que ambos exigen coexistir para que la lucha tenga sentido. Sin lo personal —el amor, los cuidados, los amigos (que tenemos en todas partes), la familia, la posibilidad de un futuro humano—, la resistencia se vuelve una máquina fría, tan deshumanizada como el Imperio al que combate. Bix, sosteniendo a su bebé, no es sólo una madre o una figura de redención; es un espejo que refleja por qué pelean los rebeldes: no solo por derribar un sistema, sino por construir un mundo donde lo humano pueda florecer. Al igual que la serie muestra la necesidad de usar las armas de tu enemigo para combatir contra él, con esta imagen señala el futuro por el que deberíamos luchar; esa alternativa humanista a la hegemonía imperial.
Porque lo que Andor está proponiendo es que la vida no es el fin de la revolución, sino su consecuencia inevitable. Que ambos mundos, el de la lucha y el de la intimidad, exigen sus propias lógicas, sus propios tiempos. La serie no propone reconciliación alguna. No hay flores en los fusiles. Lo que propone es partirle la cabeza al opresor con un ladrillo. Y acto seguido, regar las plantas. Porque tras la gesta, hay tierra. Hay ropa sucia. Hay un hogar deshecho que pide ser reconstruido con las mismas manos que acaban de empuñar el arma. Que hay una vida que permanece, que espera, que exige ser cuidada, y que esa exigencia no es ajena al compromiso revolucionario, sino su prolongación más difícil. Esa vida —ese espacio íntimo conquistado no por concesión, sino por retirada estratégica del símbolo hacia el refugio— representa una pequeña victoria. Es un significante al margen del discurso declamado que articula la idea de un terreno ganado al poder, no porque esté fuera de él, sino porque lo tensiona desde dentro: la paz no como descanso, sino como forma de resistencia continua que no se invoca durante la guerra ni supone un abandono, sino una responsabilidad paralela y necesaria.
Esta imagen, aunque cuestionable por su aparente facilidad, dialoga perfectamente con el resto de Andor. Si el baile de Mon Mothma tensionaba el espectáculo desde dentro, el bebé de Cassian y Bix tensiona la revolución desde su consecuencia más vulnerable, desde la urgencia de una vida que requiere cuidados tanto como la guerra pide violencia. No es un final complaciente, sino una pregunta: ¿qué queda después de esta violencia? ¿Qué protege la lucha si no es la posibilidad de lo cotidiano, de lo pequeño, de lo que late fuera de las formidables y valerosas gestas de la revolución? Aquí, Andor no traiciona su realismo: el bebé no promete un paraíso, sólo un recordatorio frágil de que la revolución, para serlo, debe mirar más allá de sí misma. Y, en esa fragilidad, la serie encuentra una última forma de resistir: no con sables láser ni manifiestos, sino con la terca insistencia de la vida, o incluso del propio arte, que sigue creciendo en las grietas del Imperio.
No es ningún secreto que la saga Battlefront es una de las series de videojuegos más populares de la franquicia. No en vano, sus entregas permiten a los fans sumergirse de lleno en épicas batallas ambientadas en algunos de los escenarios más emblemáticos del universo de Star Wars en compañía de decenas de jugadores en línea.
La serie Battlefront ha estado dividida en dos etapas, los clásicos de la década de los 2000 de la época de la antigua LucasArts y los nuevos, desarrollados en la era Disney. En la primera etapa se lanzaron Battlefront I (2004) y Battlefront II (2005), ambos desarrollados por Pandemic Studios, más un Battlefront III (2008) desarrollado por Free Radical Design que fue cancelado y recientemente fue rescatado por fans. La serie recibió un reboot en la segunda década des siglo XXI con el lanzamiento de dos nuevos Battlefront desarrollado por DICE, filial de Electronic Arts.
La última entrega que tuvimos fue Star Wars: Battlefront II, lanzada en 2017, la cual se llevó varias críticas debido al pobre contenido que incluía en sus inicios y a la presencia de las microtransacciones, posteriormente eliminadas. Aún así, con el paso de los años, el juego aumentó progresivamente su contenido de las distintas eras y modos de juego y acabó amasando un comunidad sólida de jugadores fieles. Lamentablemente, cuando parecía que pasaba por sus mejores momentos, el 29 de abril de 2020 recibió su última actualización de contenido con la adición del mapa de Scariff.
¡Battlefront 2 supera todos sus récords!
→ Más de 18.000 jugadores simultáneos en Steam. → Pico de 329.000 jugadores entre todas las plataformas durante el sábado. → Se duplican las búsquedas del término “Battlefront” en Google sobre su máximo anterior.
A lo largo del último mes, Battlefront II ha recibido un aumento exponencial del tráfico de jugadores tanto en PC como en PlayStation, según reflejan las estadísticas de Steam Charts y PS Time Tracker. Dicho incremento probablemente empezó a raíz de las promociones lanzadas el 4 de mayo con motivo del día de Star Wars, por ejemplo el descuento del 75% en el precio del juego y el lanzamiento del Lote triple de EA Star Wars, que incluye la edición de lujo de Jedi: Fallen Order, Squadrons y el propio Battlefront II. También pudo haber contribuido a ello un posible repunte en el interés del público por Star Wars motivado por eventos como el reciente reestreno de La venganza de los sith, la 2ª temporada de Andory el evento de Fortnite Star Wars: Galactic Battle.
Ante este regreso de la actividad a los servidores, la comunidad del Battlefront y el fandom de Star Wars en general se ha movilizado en redes sociales para reclamar ante EA y Lucasfilm Games el lanzamiento del tan deseado Battlefront III haciendo viral la etiqueta #MakeBattlefront3. A esta campaña se ha sumado incluso Muhannad Ben Amor, el actor que ha interpretado a Willmon Pak en Andor, quien ha revelado ser un gran fan de la serie de videojuegos con 469 horas jugadas al Battlefront II.
Para reforzar la petición, sectores de la comunidad alentaron a los jugadores a conectarse al Battlefront II durante el fin de semana del 24 y 25 de mayo con el objetivo de alcanzar el máximo histórico en todas las plataformas. Y ha sido todo un éxito, pues durante la noche del 24 de mayo se alcanzó un pico máximo de hasta 329.000 jugadores entre todas las plataformas. Concretamente, en Steam se han alcanzado cifras de hasta de hasta 18.400 jugadores simultáneos según las estadísticas de Steam Charts, cuando la cifra máxima previa a la movilización era de 10.345. También cabe destacar que durante el fin de semana se han duplicado las búsquedas del término «Battlefront» en Google respecto a su máximo anterior.
¿Hay esperanza?
Las últimas noticias al respecto del posible desarrollo de Battlefront III datan de finales de 2021, cuando el insider Tom Henderson reportó que DICE puso sobre la mesa desarrollar una nueva entrega de la serie, una propuesta que supuestamente EA rechazó debido a los costes de las licencias. En su lugar, DICE está actualmente centrada en el desarrollo de nuevos títulos de la franquicia Battlefield.
Por otro lado, Mats Holm productor de Battlefront II, ha expresado en varios comentarios de Reddit su deseo de hacer una nueva entrega de la serie, pero comenta que actualmente la mayor dificultad al respecto es que la mayoría de integrantes de su equipo ya no trabaja para DICE. “Tras escuchar a mis excompañeros, queremos reunirnos de nuevo”, dice Holm. “No espero que Battlefront 3 se anuncie al final de este repunte. Pero en general, sí, creo que hay gente hablando de ello.”
Holm también comenta que ve más factible hacer un remaster del Battlefront II y especula que eso podría allanar el camino para una futura tercera entrega. “Ahora mismo un Battlefront 3 no, pero sí un remaster de Battlefront 2 para consolas que llegue en 2027-2028”, sugiere en sus comentarios. “El tiempo de desarrollo sería de unos 2-3 años. Hay una lista enorme de mejoras que este juego podría tener, y actualizarlo siempre fue parte de nuestra lista de deseos. Una vez eso sea un éxito, entonces se empieza con el 3. Ya tendrías un equipo familiarizado con el motor, los recursos, y podrías comenzar su desarrollo mucho más rápido, además de contar con el apoyo de una nueva base de jugadores. Sería un plan de 5-6 años, pero es mucho más probable que tenga éxito”, zanja el exproductor.
Solo el tiempo dirá si EA atiende las peticiones de la comunidad y ve el interés suficiente como para decidirse a retomar la exitosa serie de videojuegos. Battlefront III ahora mismo parece más un sueño que una realidad, pero está claro que el actual pico de actividad que está recibiendo Battlefront II no va a pasar desapercibido.